La transición de la cultura rumana a la modernidad – contribuciones de 4 estudiosos humanistas

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Traducción: Ghiță Ștefania-Daniela

El período de transición a la modernidad en la cultura rumana está dominado por una orientación importante, el humanismo, representado por eruditos que hacen conocido el movimiento espiritual. La corriente de pensamiento comenzó en 1544, cuando apareció el texto “El Catecismo rumano”, la primera obra en rumano, perteneciente a Filip Moldoveanu.

El movimiento humanista incluye también otras novedades culturales, entre las que destacan la aportación de Coresi, a partir de 1560, la de Matei Basarab y Vasile Lupu y por último, pero no menos importante, la aportación de los metropolitanos Varlaam y Dosoftei. Otros hitos están relacionados con la contribución de Serban Cantacuzino, bajo cuya iniciativa se construye el Palacio Cotroceni y aparece la “Biblia de Bucarest”. Todas estas contribuciones tienen en común el deseo de modernidad de la cultura rumana.

El humanismo se manifestó, al nivel europeo entre los siglos XIV y XVI, su idea principal siendo el hombre y sus problemas, que ayudaron a asegurar el tránsito a la modernidad.

En esta visión, el hombre tiende a alcanzar un estado de equilibrio. En la cultura rumana, el humanismo tiene otras características además de las definidas en el espacio europeo. El movimiento tomó forma más tarde que en Occidente, a pesar de que sus influencias se remontan al reinado de Esteban el Grande.

El surgimiento del humanismo se vio favorecido por una serie de factores como: los vínculos políticos, culturales y comerciales con Occidente, con la ayuda de representantes o consideraciones políticas derivadas de la necesidad de formar alianzas contra el peligro otomano. El movimiento espiritual tendrá como características: poner al hombre al primer lugar, formando la base de la cultura y la educación, los principios morales y el atributo más importante, la lucha por demostrar la contribución latina a la formación del pueblo y la lengua rumana, asegurando así la transición a la modernidad.

1. Nicolás Olahus

Un primer representante del humanismo es Nicolaus Olahus, llamado por la literatura “El rumano”. Oriundo por Sibiu, se implica en los agudos problemas sociales de Transilvania, como la actitud de la nobleza y la forma en que se veía y trataba a los siervos. Su obra más conocida es “Hungría”, publicada en 1536, en la que presentará dos números de rumanos: el origen latino y su continuidad.

2. Grigore Ureche

Entre los cronistas rumanos no puede faltar la mención de Grigore Ureche. Él es quien apoya firmemente el elemento rumano en la constitución del pueblo y de la lengua rumana. La estructura “desde Râm nos venimos” se convirtió en un verdadero lema de la época. En esencia, enfatiza el carácter latino del idioma rumano y afirma la identidad nacional del país. Las siguientes líneas traen una aclaración destinada a fortalecer el origen del idioma rumano: “… que si consideráramos todas las palabras en detalle las entenderíamos”.

El cronista señala que, en un análisis más detallado de la estructura de la lengua rumana, se encontraría que en la mayoría de las palabras se puede descifrar su significado. Para formular un argumento sólido, compara los términos latinos con los rumanos, y un ejemplo en este sentido son las palabras “pan” y “panis”.

3. Miron Costin

El trabajo de Grigore Ureche es continuado por Miron Costin, otro representante del humanismo rumano. Tiene un objetivo similar al de su antecesor: afirmar el origen del pueblo rumano y la unidad de la lengua con la que se asegura el tránsito a la modernidad. También tendrá contribuciones significativas a la rehabilitación de la imagen de los rumanos. La proyección de la apariencia del pueblo rumano es relatada en términos duros, para servir a algunos intereses políticos. Este deseo de restaurar la imagen negativa de los rumanos se llamará “lucha”. El autor menciona la contribución de los rumanos a la formación del pueblo rumano. Además, restaurar la imagen de los rumanos era un hecho de responsabilidad social.

4. Ion Neculce

La obra de Miron Costin es continuada por Ion Neculce, quien añade a las obras de los dos representantes una colección de relatos, titulada “Una montón de palabras”. Fue un cronista moldavo, un importante boyardo, que ocupó cargos durante el reinado de Dimitrie Cantemir. La obra abarca los acontecimientos desde 1662 hasta 1743, de los que siempre ha formado parte o los ha conocido de cerca.

 

En conclusión, las contribuciones de los eruditos de las humanidades son de una gran importancia para sentar las bases de la modernidad. A través de las ideas promovidas por los representantes de este movimiento cultural, se quería despertar la conciencia nacional y formar un marco propicio sobre el cual desarrollar la cultura.

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