Una visita al Departamento de Oncología cambiará tu vida por completo

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secția de Oncologie, Departamento de Oncología
pexel.com

Traducción: Francesca Jibotean

¿Cuándo empezó mi contacto con el Departamento de Oncología? A finales de 2019, me enteré de una noticia espantosa: el niño de apenas 7 meses de mi hermana sufría de cáncer avanzado. Fue algo inesperadamente triste para nuestra familia, sobre todo porque las posibilidades de supervivencia eran tan escasas para él. Comenzó la quimioterapia de forma urgente en el hospital de Iași, un momento que marcó el inicio de una nueva etapa en nuestra vida. Solía ir frecuentemente a cuidar de mi sobrino Tudor y hacer todo lo posible para estar a su lado. Sólo que, además de encariñarme con él, lo hice con muchos otros niños que padecían la misma cruel enfermedad – el cáncer.

Al final de la primera visita no pude contener un llanto fuerte, impactante, porque solamente en ese momento tuve que enfrentarme a la realidad. Me di cuenta de que el Departamento de Oncología no sólo existe en la televisión. Es muy real y está lleno de almas pequeñas y grandes que piden una oportunidad en la vida y que luchan con todas sus fuerzas para prolongar sus días.

Tuve la oportunidad de ir al Departamento de Oncología Infantil, una experiencia que me afectó, teniendo un impacto aún más fuerte a largo plazo. No puedo sacarme de la mente las imágenes de los niños de todas las edades, con las barrigas grandes por metástasis, ciegos, sin manos, sin piernas, sufriendo tanto. Eso porque fueron sellados con cáncer. Y por encima de todo, el tratamiento de quimioterapia, su única salvación, les estaba provocando un gran dolor.

Dos imágenes que se han imprimido profundamente en mi mente y en mi alma fueron las de dos niñas, una pequeña y otra adolescente. La niña pequeña caminaba por el pasillo del Departamento de Oncología, siempre conectada a los dispositivos médicos y siempre tomada de la mano. Lo que me marcó fue su alegría cuando me vio.

Me sonrió profundamente y dijo:

 Yo siempre estoy feliz. Lloro sólo cuando me hacen el tratamiento. Pero luego, vuelvo a ser feliz.                             

Mi reacción fue dar la espalda y llorar. Siempre ando llevando en la mente sus palabras de ángel. Desde entonces, mi vida y mis acciones han dado un giro diferente. Todo el tiempo me pregunto: “¿Qué razones tengo para estar triste?”. Por una palabra mala, porque es lunes, por eso, por lo otro… y cien razones sin importancia, que no se pueden comparar con los problemas de aquella niña que llevaba su vida en el Departamento de Oncología.

Creo que nosotros, la gente sencilla, nos quejamos de cosas insignificantes, estamos descontentos por lo que no tenemos y nos olvidamos de agradecer lo que sí tenemos. La gente noble sigue sintiendo alegría incluso cuando la vida le da golpes duros. Para este tipo de personas, cualquier cosa, por insignificante que sea, es una razón más para sonreír

Con la adolescente tenía una relación más cercana porque era la compañera de habitación de Tudor. Ella quedará para siempre en mis recuerdos. Estoy usando el tiempo pasado porque la enfermedad le quitó la vida. La noticia ha incidido muchísimo en mí, pero me alegré de haber podido ser parte, aunque por poco tiempo, de sus apresurados pasos por la vida.

Era una niña maravillosa, optimista, con ganas de vivir. Siempre nos animaba y estaba feliz de vernos. Gracias a ella y a todos los que, más allá del dolor, ven la alegría, mi vida comenzó a tener sentido. He aprendido que solamente vivimos cuando amamos, reímos y tenemos fe. De lo contrario, sólo imaginamos que vivimos.

Tengo la firme convicción de que todo aquel que quiera experimentar el verdadero sentido de la vida tiene que visitar el Departamento de Oncología. Donde todos se ven iguales, con las cabezas sin pelo, lampiñas y la piel amarilla, te recordarán que la vida es más que las cosas materiales. La vida trata sobre la felicidad y la esperanza.

Hoy, Tudor tiene 2 años. Básicamente, estos dos años nos han enseñado lo que es la fe, el amor y el llanto. Nos han enseñado cómo clamar a Dios y a depender de Él. Nos dieron  esperanza y fortaleza para seguir adelante. Tudor nos mostró que el dolor de la quimioterapia no destruye su infancia, tampoco detiene su alegría.

Tudor nos mostró que el dolor de la quimioterapia no destruye su infancia, tampoco detiene su alegría. Cada vez se ha levantado riendo y con ganas de recorrer el mundo. Tudor representa un milagro para todos nosotros, es la gloría de Dios en la Tierra, Dios que logró hacer de una pequeña criatura, un motivo de celebración y de orgullo para muchos.

Sin Tudor, no sabría cómo vivir de verdad. Lo que había vivido antes era sólo una sombra de la vida.

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¿Cómo es el sistema de salud en Rumanía? Mira aquí.

 

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